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La homosexualidad a ojos del siglo XIX

  • Sara C.
  • Mar 30
  • 4 min read

Updated: Mar 30

Durante el siglo XIX la estigmatización, criminalización y rechazo de la homosexualidad incrementó dado el «puratismo» y el surgimiento del psicoanálisis.


La homosexualidad en el siglo XIX en Europa, y en el mundo, fue duramente perseguida en nombre de la defensa de los buenos valores naturales impuestos por una voluntad divina (o lo que quiera que signifique eso). Luego vino el psicoanálisis y esta vez la voluntad humana —más abiertamente— decidió que, por qué no, le pondrían la etiqueta de «enfermedad». Pero ¿cómo lo vivieron las personas LGTBIAQ+ de la época?

 

La homosexualidad a juicio

 

¿Ubicamos todo al rey inglés que acusaba de adulterio a sus esposas para condenarlas a la pena de muerte? ¿El que durante su reinado se estima que se ejecutaron a unas setenta mil personas? ¿El que legisló una de las primeras leyes contra la brujería para —seguir— asesinando mujeres y quitarle sus bienes? El Enrique VIII, sí, ese mismo. Pues bien este gran devoto y emprendedor, posible candidato del Nobel de la Paz para 2026, fue quien aprobó la Ley de Sodomía.



 Juicio de Oscar Wilde. Fuente: National Geography. Historia.


Esta ley condenaba a pena de muerte y a la incautación de sus bienes a los hombres que mantenían relaciones sexuales entre ellos. Es cierto que la ley no se definió del todo hasta el reinado de Isabel I y no se modificó hasta el de Victoria. En 1861 la Offences Against the Person Act entró vigor para suprimir la pena de muerte y «solo» condenar a penas de cárcel o, incluso, a la perpetua. Tuvieron que verla algo ambigua porque en 1885 decidieron con la Criminal Law Amendment Act que cualquier demostración afectiva (sexual o no) entre dos hombres sería castigada también.

Uno de los autores más famosos y admirados de la época, Oscar Wilde, fue condenado a dos años de trabajos forzados en prisión por sus «graves incidencias». Años más tarde, poco antes de morir, el escritor dijo: «No tengo duda de que ganaremos. Pero el camino será largo y lleno de monstruosos martirios».

El diagnóstico homosexual

 

De la criminalidad a la enfermedad y tiro porque me toca. Bueno, no, porque ambas ideas convivieron para ahogar las existencias de las personas queer. El psiquiatra alemán Richard von Krafft Ebing consideraba que la homosexualidad era una «perversión sexual». Su famoso colega, el señor Freud, explicó que se debía a un problema en el desarrollo sexual del niño o en una resolución incorrecta del complejo de Edipo durante la fase fálica (fuente: la Cibeles, o en su caso la Wimmerova).



 Anna y Sigmund Freud. Fuente: Wikipedia.


De hecho, esta postura homofóbica, que defendía el padre del psicoanálisis con argumentos «científicos», afectó directamente a su hija, Anna Freud. Su gran heredera era una mujer sáfica a la que su padre sometió a terapias de conversión. Este tipo de terapias pseudocientíficas traen consigo graves consecuencias en la salud mental, además de atentar contra la libertad sexual y de identidad. Desgraciadamente, a día de hoy este tipo se siguen realizando en algunos países, como en Reino Unido, Estados Unidos o Italia.

Aunque las mujeres sáficas no fueron perseguidas por la ley hasta mediados del siglo XX, estas se vieron excluidas socialmente y sometidas a las duras terapias de conversión, como la lobotomía, electroshock o la extirpación de genitales.

 

Los primeros pasos firmes, los primeros lugares seguros

 

A pesar de las circunstancias, las personas LGTIAQ+ siguieron luchando y buscando lugares seguros en lo que poder explorar su identidad. Por ejemplo, según el escritor Graham Robb, existían círculos y clubes en los que podían reunirse. Algunos de los más conocidos eran Le Rat Mort en Montmaerte, la calle Unter den Linden en Berlín o los muelles de Barcelona. Además, había códigos de vestimenta y una jerga no verbal para identificarse, como era los corbatines rojos en Estados Unidos o la mano sobre la cadera en Holanda.


Por supuesto, muchos escritores y escritoras plasmaron las experiencias (de manera más o menos implícita) de su sexualidad e identidad en sus obras, como fue el caso de Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), Elena Fortún (Oculto sendero) o nuestro autor autor Rolfe (Las historias que Toto me contó).

 

Es en el siglo XIX cuando surgen los que se han llegado a considerar los primeros pioneros del activismo homosexual. Por ejemplo, el ensayista suizo Heinrich Hössli (1784-1864) con su obra Eros; el abogado Karl Heinrich Ulrinchs que propuso una asociación homosexual y luchó por los derechos LGTBIAQ+, y el escritor y poeta Karl-Maria Kertbeny, el inventor de las palabras «homosexual» y «heterosexual».  Asimismo, en Alemania, surgieron las primeras revistas homosexuales de la época, algunas fueron Uranus y Der Eigene.


Karl Heinrich Ulrichs. Fuente: Wikipedia.


Paso a paso, y como Wilde ya vaticinó, las personas LGTBIAQ+ consiguieron, y consiguen, defender sus derechos y conquistar espacios públicos y seguros para toda la comunidad. Una lucha que todavía continúa...

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