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Cuando la realidad y la ficción se unen

  • Carmen Baena Caballero
  • Apr 8
  • 3 min read

Quien esté un poco familiarizado con la biografía de Frederick Rolfe, sabrá que firmaba bajo el título de barón Corvo y que no queda muy claro de dónde salió dicho título. Dada su ambición por pertenecer a los círculos aristocráticos, lo más probable es que él se otorgara el título de barón a sí mismo y que sus lectores se lo comieran con patatas. Nadie nunca cuestionó que aquel era el barón Corvo. Por muy sorprendente que esto parezca, Rolfe no ha sido el único escritor de la historia que se ha inventado un alter ego aristocrático bajo el que firmar sus obras y poder vivir una vida más lujosa de la que se podía permitir. Aquí te presento a dos otros casos: Mary Carleton y Giuseppe Balsamo.


La historia de Mary Carleton es curiosa, cuanto menos. Lo que ella hizo fue inventarse que era una princesa alemana y, para convencer a todos sus lectores de que esto era cierto, escribía prólogos en sus libros donde se refería a sus supuestos amigos aristócratas, como el príncipe Ruperto del Rin, y añadía diversos elementos paratextuales, como autorretratos. Aunque realmente nació en Canterbury y era hija de un violinista, ella afirmaba haber nacido en Colonia y haberse quedado huérfana a una temprana edad. A través de sus mentiras consiguió conquistar al cirujano John Carleton y se casó con él, de forma que tenía engañado a absolutamente todo el mundo, incluido a su marido.



Sin embargo, su plan de vivir como una aristócrata se vio amenazado cuando un folleto titulado “The Lawyers Clarke trappand by the crafty whore of Canterbury” (en español “Los abogados Clarke, engañados por la astuta prostituta de Canterbury”) intentó exponer su verdadera identidad. Como consecuencia, fue llevada a juicio, pero consiguió salir absuelta y publicó su supuesta autobiografía: El caso de Mary Carleton. Pero claro, en realidad se trata de una obra de ficción, ya que nada de lo que cuenta en ella es cierto, sino la vida inventada de su alter ego como princesa alemana. Si analizamos los testimonios de esta falsa princesa, entenderemos que probablemente su ambición no se basaba en el dinero o la fama, sino en poder vivir grandes aventuras como los héroes de los libros que llevaba leyendo desde pequeña. Por eso, su pseudoautobiografía recogía numerosas aventuras que ella aseguraba haber vivido, convirtiéndose, así, en la heroína que siempre quiso ser.


Por otra parte, Giuseppe Balsamo nació en una familia pobre en Palermo y se autootorgó el título de conde Alessandro di Cagliostro. Fue mayormente conocido por su alquimia y ocultismo fraudulentos. Desde pequeño, siempre tuvo un talento especial para la estafa y se unió a varias bandas mafiosas, lo que le causó varios incidentes como su expulsión de la escuela católica donde estudiaba. Logró ganarse la vida gracias a sus trucos, como robar a banqueros o refinar el lino hasta hacerlo parecer seda. Cuando se casó, su esposa se convirtió en su cómplice y viajaron juntos alrededor del mundo para seguir cometiendo sus fechorías.

Además, Cagliostro no solo fue un estafador, sino que también escribió varias obras. Eso sí, la mayoría fueron fruto de sus engaños, como cartas falsificadas o un manuscrito sobre alquimia. Sin embargo, sus prácticas fraudulentas le llevaron a un final fatídico, ya que lo sentenciaron a cadena perpetua en Roma y murió en la cárcel. Hay quien dice que fue su mujer, aquella en quien había confiado y con quien había compartido delitos, quien lo traicionó y denunció a las autoridades


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