DIY: Cómo conseguir un título aristócrata
- Paula Mansillas Martín
- Apr 1
- 2 min read
¿Harto de vivir bajo el yugo de la burguesía? ¿Frustrado por no poder permitirte lujos millonarios? ¡No te preocupes! Aquí encontrarás las claves para conseguir un título nobiliario en menos que canta un gallo. Por fin podrás alardear de tu alto estatus sin convertirte en el hazmerreír de los que te rodean. ¿Quién necesita un hueco en la iglesia, un papado incluso, cuándo puedes simplemente convertirte en barón?
Frederick Rolfe nos da las claves, son pocas y (más o menos) efectivas:
Viaja a algún punto remoto de Europa dónde aún se conserven ramas de linajes que antiguamente fueron poderosos.
Rolfe estaba de casualidad en Italia y acababa de ser expulsado del Scots College en Roma, pero eso no le impidió acercarse a la duquesa Sforza-Cesarini y, en poco tiempo y con muchas atenciones, pasar a ser su supuestamente adorado “nieto adoptivo”.
Ya tienes engatusada a una noble anciana, orgullosa y probablemente no muy rica. Ahora viene lo más importante, hazte con ese título como sea.
Es importante recordar los orígenes de la duquesa que tanto cariño tuvo por Rolfe. Era descendiente de la gran casa noble italiana de los Sforza, quienes gobernaron Milán durante siglos. Sin embargo, tras la muerte de los Habsburgo y muchas guerras, terminaron constituyendo una familia menor. Hoy en día sólo pervive la Rama de Santa Fiora, y ni siquiera eso, se trata de una rama menor aún dentro de esta, la casa Sforza-Cesarini.

Pero volviendo a Rolfe y a la duquesa, que resulta era inglesa y al igual que Rolfe fervientemente católica, el título por fin cayó en las manos del escritor tras regarle su patrona una finca que lo llevaba incluido. No hay nadie cómo él, título y propiedades, un 2 por 1 en toda regla.
Último paso y no menos importante, alardea de tu título siempre que puedas, basa toda tu personalidad en él, ahora ya eres noble, te lo mereces.
Sólo necesitamos observar cómo en las publicaciones de Rolfe dejó de aparecer su nombre, la única firma era la del barón Corvo. Nombre, por cierto, elegido por él (“corvo” es cuervo en italiano, misterioso y un tanto oscuro, le viene como anillo al dedo).
Eso sí, aviso legal, que el título nobiliario sea real o no es cosa vuestra. ¿Frederick Rolfe era legalmente el barón Corvo? Jamás lo sabremos, el autor muy en su línea decidió mantener el misterio. La mayoría aseguran que era una invención, que no había ni título y, seguramente, ni duquesa. Contaban que era su manera de pretender pertenecer a una clase que siempre estaría fuera de su alcance. Pero claro, si tenemos en cuenta que la mayoría del tiempo Rolfe vivía en la más profunda pobreza, manteniéndose gracias a las limosnas de sus amigos y patrones (y gastando todo lo que le llegaba en lujos desorbitados), la existencia del título se desmorona.
Lo dicho, a vuestra imaginación queda, nosotros os hemos dado las claves. Por supuesto hay que reconocer que todo el revuelo y las conjeturas que generó el estilo de vida del barón Corvo es digno de admirar, un hombre verdaderamente fascinante.
Y cómo bien decía un icono, una gran mujer con ambiciones sólamente equiparables a las del barón: “entre ser o no ser, Rolfe es”.



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