Fray Serafico, ¿hereje o no hereje?
- Sofía Ruth Naciri Loreto
- Mar 29
- 2 min read
¿Por qué es interesante el cuento de fray Serafico desde una perspectiva bíblica? Porque Frederick consigue hacer un análisis de la idea de canon bíblico a través de un metajuicio (no se me ocurría cómo llamarlo) completamente absurdo con increíble maestría. Fray Serafico tiene que defenderse ante Dios y demostrar que no es un hereje. Pero ¿qué significa ser un hereje exactamente? La herejía, en el contexto cristiano, es todo lo que contradiga los dogmas del canon. ¿Y qué es el canon? El conjunto de libros reconocidos por los creyentes. He aquí el quid de la cuestión. El canon del Antiguo Testamento se estableció, resumidamente, en base al reconocimiento de Jesús y los apóstoles: Jesús y los doce dijeron que esos eran los textos y punto, no tiene mucho más misterio. Sin embargo, el Nuevo Testamento se escribe cuando Jesús ya no está. ¿Entonces? Bueno, pues aquí lo importante es que lo haya escrito alguno de sus íntimos o un autor respaldado por ellos, como es el caso de Pablo, cuyos textos fueron reconocidos por Pedro. Precisamente, en la partida de teléfono escacharrado que nos compete (no tan escacharrado realmente porque el mensaje llega tal cual al final) descubrimos que fray Serafico NO es un hereje porque no hace más que citar a Pablo. ¿Y qué hace Pablo cuando Dios lo llama a defenderse? Subraya el valor esencial de cualquier texto bíblico: la inspiración divina. Pablo le está diciendo que su texto lo ha escrito Dios. Él. Fin. Así que sí, Frederick se lució resumiendo cientos de años de concilios e historia en un par de páginas protagonizadas por un jesuita muy espabilado y un capuchino llamado Tonto Pappagallo.



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