San Pedro y san Pablo... no tan santos
- Sofía Ruth Naciri Loreto
- Feb 25
- 2 min read
Updated: Mar 16
La fuente principal de Frederick es la Biblia y la tradición cristiana: es un friki del cristianismo, vamos. Una lectura superficial de Las historias que Toto me contó podría hacernos pensar que lo que tenemos en frente no son más que caricaturizaciones de santos, ángeles y demonios sin mucho misterio, pero nada más lejos de la realidad. En los relatos que construye, Frederick revela un conocimiento profundo de los textos bíblicos y una postura clara: en este caso, Pedro le parece un pedante y Pablo un moralista. Y no, esto no se lo saca de la manga. Si bien es cierto que en ninguna parte de la Biblia se menciona nada de Pedro mangando columnas, sí que podemos identificar un enfrentamiento entre ambos apóstoles. El mismo cuento nos remite a él cuando habla de una oposición en Antioquía, haciendo referencia a Hechos 2:11-21. En pocas palabras, lo que se cuenta es que Pedro no tiene problema en echar un café y unas tostas con cualquiera, y así lo hace, pero tras la llegada de un grupillo que no comulga con los incircuncisos (es decir, los gentiles, los que no son judíos, para que nos entendamos), deja de comer con ellos por miedo a que lo critiquen. Cuando Pablo se entera, ni corto ni perezoso le canta las cuarenta delante de todos. Sí, DELANTE de TODOS. ¿Cómo era posible que Pedro fuese anunciando a los cuatro vientos que desde la crucifixión de Cristo ya todos eran iguales, pero que después no se quisiese sentar con quienes no estaban circuncidados? Algo así como cuando Gretchen le echa en cara a Regina ir en chándal un lunes y le espeta «you can’t sit with us». Vale, y entonces, ¿de dónde salen las columnas y las basílicas? Pues bien, esto ya son teorías, pero podría tratarse de una metáfora sobre la trayectoria de cada uno de los apóstoles. Pedro era uno de los doce, aquellos hombres que formaban parte del círculo más cercano de Jesús, además de que era el líder de los apóstoles, tenía las llaves del reino de los cielos, etc… ¿Y Pablo? Pues… Pasó de dedicarse a encarcelar cristianos a escribir prácticamente la mitad del Nuevo Testamento y difundir el evangelio por Asia menor y el Mediterráneo. ¿Estaba quizá Frederick sugiriendo envidias por esto? ¿Son las columnas metáfora de un reconocimiento que Pedro podría haber reclamado? Puede ser. Pero también puede ser que mientras Frederick hacía una lectura diagonal de Gálatas 2 se inspirase al toparse con la palabra “columnas” en el versículo 9 y con el versículo 18: «Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago». Sea como fuese, ya que en Gálatas 2 el Padre Eterno no se pronuncia, Frederick decide cerrar esta pelea de niños chicos de su cuento con un buen rapapolvo que deja clara la opinión que ambos le merecen.


Comments